Josefina conoció a Ismael Díaz el 1935 en Pau i Justícia. La pareja se casó en una ceremonia civil y pocas semanas después y aunque él no era un hombre de fuertes convicciones políticas, se unió a la lucha contra el fascismo igual que sus cuñados, Mariano y Sisco. Ismael partió hacia el frente de Aragón sin saber que Josefina estaba embarazada de su primer hijo.
En aquel clima de guerra con constantes ataques y la escasez de víveres, nace el primer hijo de Josefina e Ismael. Pese a la crudeza de la guerra, la llegada del nuevo miembro de la familia se convierte en un soplo de esperanza. El pequeño Ismael es el primer sobrino, el primer nieto, la ilusión de la casa que arranca las sonrisas de toda la familia.
Ismael fue detenido al final de la guerra por las tropas franquistas y lo hicieron preso en una de las cárceles improvisadas del territorio español. Estuvo recluido en la plaza de toros de Valencia y, como en tantas otras, las condiciones de vida allí eran extremadamente duras. En Valencia se llegaron a recluir miles de prisioneros, sin espacio para dormir ni moverse. Los hombres aguantaban a la intemperie bajo el sol y la lluvia sin poder refugiarse. Sin ningún tipo de instalaciones sanitarias, los focos de infección y las enfermedades se transmitían entre ellos sin control.
Sin embargo, Ismael quedó en libertad, a diferencia de sus cuñados, él nunca había pertenecido a ningún sindicato ni partido político, de modo que le dejaron regresar a Barcelona, aunque eso sí, en libertad vigilada y presentándose regularmente ante las autoridades militares de la ciudad.
Ismael, después de su regreso a Barcelona, tardaba en recuperar su salud. Después de pasar unos meses en Valencia en condiciones extremas, sus pulmones se habían resentido de la humedad y el frío, desarrollando un asma que le acompañaría durante el resto de su vida. Él y Josefina tenían ya al pequeño Ismael, que desde que nació crecía en casa de los abuelos, hasta que sus cuñados les plantearon la idea de ir a vivir juntos. En aquel momento, Ismael se había comprado un carro y un caballo con el que recorría la barriada recogiendo papel, cartón y botellas de vidrio para recopilarlos en un pequeño local y revenderlos a distribuidores y fábricas que utilizaban el material reciclándolo. La trapería le proporcionaba algunos ingresos y le garantizaba el trabajo que le negaban en cualquier industria o comercio por su condición de excombatiente republicano.
En este contexto, Josefina e Ismael, al igual que Isabel y Sisco tuvieron que volver a casarse para que ambos matrimonios se reconocieran como tal porque los matrimonios civiles habían sido invalidados.
Con los años los síntomas de asma de Ismael aumentaban. Su aspecto era el de un hombre maltratado por la vida, delgado y de piel blanquecina. Se cansaba en exceso al subir las escaleras, solía tener fuertes toses que se agravaban en invierno, después de pasar horas y horas recorriendo las calles con el carro recogiendo cartón y en el local agrupando el material que después vendería. Su debilidad preocupaba a Josefina, que prefería seguir viviendo con sus padres para que Lola pudiera ocuparse de sus hijos de vez en cuando y así ella echar una mano a su marido. En el local que tenían alquilado para montar la trapería, cada vez acumulaba más materiales, restos de stocks de lanas e hilos y papel de todo tipo. El negocio funcionaba, pero la maltrecha salud de Ismael no parecía mejorar. Hasta que el 14 de septiembre de 1949, Ismael, tuvo que abandonar el trabajo por prescripción facultativa. Por aquel entonces, el hombre llegaba a casa ahogándose y necesitaba tumbarse en la cama durante un buen rato para recuperar el ritmo de su respiración. Josefina le había sustituido definitivamente en la trapería para cuando el médico le ordenó quedarse en casa descansando, hacía tiempo que les había confirmado que Ismael estaba sufriendo las secuelas de su paso por prisión años atrás y que aquello no tenía remedio, sus pulmones estaban dañados y así continuarían de por vida.
A finales del año 1953 fallecía con poco más de cuarenta años Ismael, el marido de Josefina, que se sumió en una profunda tristeza. Ni siquiera la compañía de sus hijos, Ismael, un adolescente de dieciséis años y Gloria, de tan solo diez años, era suficiente para animarla. La luminosidad de la vivienda perdió de pronto el esplendor de siempre. Por los pasillos aparecieron los primeros vestidos negros y en los trajes de los hombres de la casa se cosieron brazaletes del mismo color.