José Calderón Pérez

Nació el 17/9/1888 y falleció el 1/12/1966 de un ictus hemorrágico.

Hijo de Mariano Calderón Meroño y de Josefina Pérez Ortiz.

Heredó el nombre de su abuelo, pues todos en la familia heredaban los nombres de Mariano y José.

Su padre quiso darle la mejor educación que pudieron pagarle para que al terminar los estudios se ocupara de la gestión administrativa y contable de la mina La Josefita que explotaba su padre a modo de concesión del estado.

Cuando José tenía 21 años debería haber luchado en la Guerra del Rif, pero no lo hizo porque sus padres pagaron una gran suma de dinero a la administración militar, se conocía como “cuota de redención en metálico”.

Tres años más tarde, José conoció a Dolores, una muchacha de su mismo pueblo, hija de José Ramón Hernández e Isabel Zapata García.

Por aquel entonces, los matrimonios tenían que pactarse entre las familias. Y cuando las parejas no tenían el consentimiento de la familia de ella, era habitual que él “la robara”.

En la región era una tradición que se conocía como “robar a la novia” o “robarse a la mujer” y no era que él la secuestrara, era como una especie de fuga entre dos enamorados. Era una forma de rebelarse contra las normas sociales de la época. Después de la huida de la pareja las familias se veían socialmente forzadas a aceptar el matrimonio para guardar el honor de la novia.

Y parece ser que tanto José como Dolores (Lola) habían contado a sus respectivas familias su intención de “robarse”.

Así pues, una noche del 1912, José llegó a casa y le dijo a su madre: “Mamá, vengo con Lola”.

A partir de ese día, los novios convivieron junto al resto de la familia hasta que dos años después, Lola quedó embarazada de la que sería su primera hija, Josefina Calderón Ramón. Había llegado el momento de casarse. Después de reunir el dinero necesario para tener su propia casa, el 2 de abril de 1914, José Calderón y Dolores Ramón se casaron en la localidad de El Algar.

El 1818 nacía su primer hijo varón, al que siguiendo la tradición llamaron Mariano. Desde que nació, las expectativas que se marcó respecto a su hijo hicieron que se volcase de pleno en convertirlo en un hombre capaz de salir adelante sin la ayuda de nadie y a Mariano nunca le faltaría una buena educación. Sus padres invertirían lo que fuese necesario para que el muchacho accediera a la mejor educación en las mejores escuelas que pudieran costearse.

José siguió trabajando en la mina apoyando a su padre, pero cada vez era más consciente de que su vida en La Unión tenía fecha de caducidad.

En 1920 nació otra niña, a la que llamaron Isabel.

Y fue cuando Lola volvió a quedarse embarazada y el trabajo en la mina era insostenible, que José hizo un primer viaje de prospección a Barcelona y dejó apalabrado un piso de alquiler. Se mudarían cuando naciera el bebé.

Para José y Lola lo único que importaba era su familia y la oportunidad de salir adelante que representaba Cataluña para ellos. Emigrar se trataba de una simple cuestión de supervivencia.

José sabía leer y escribir y tenía conocimientos de matemáticas, por lo que no le costó encontrar trabajo en el puerto de Barcelona como manipulador de aparatos.

Una de las cosas que José trajo consigo desde Cartagena fue el libro de lectura de bachiller con la intención de enseñar a leer poemas de Calderón de la Barca a sus hijas.

José era un hombre de ideas progresistas en relación a la sociedad, pero machista cuando se trataba de sus hijas, a las que educó para ser amas de casa y no permitía que salieran al balcón de casa porque creía que se exponían de alguna forma para ser vistas por los transeúntes.

Su concepto de justicia le condicionaba a la hora de defender todo aquello relacionado con las mejoras para los trabajadores, salarios dignos y, en general todo lo que contribuyera a crear una sociedad más equitativa, más igualitaria. Guiado por sus ideales, José Calderón se fue vinculando poco a poco a la entidad corporativista Pau i Justícia. Para alimentar a una familia numerosa de seis hijos, lo mejor era aprovechar la oportunidad que los de su misma clase social le ofrecían.

Al terminar la guerra, la nueva administración del Puerto de Barcelona, le abrió un expediente de depuración, querían saber si había militado con sindicatos obreros y si había apoyaba el gobierno de la Segunda República durante la guerra.

Y sí, José estaba afiliado a la CNT y a la UGT. Por lo que la sentencia fue separarlo definitivamente de sus funciones. Le hicieron lo que se conocía como “el pacto del hambre”.

El pacto del hambre no era solo un castigo individual, sino una sentencia de hambre para familias enteras puesto que el represaliado no podía ser contratado en ningún otro empleo, condenando así a toda su familia.

Durante los años en que su hijo Mariano estuvo preso, José visitaba cada día las dependencias militares por si había noticias suyas. En esos años existen muchas cartas que Jose enviaba a Mariano explicándole las novedades, Mariano respondía, pero una vez leídas las quemaba por miedo. Por suerte Mariano sí guardó las cartas de su padre y se conservan todas encuadernadas en un libro familiar.

Ya con 50 años fue contratado por su yerno Juan José Vallejo como encargado de su fábrica textil.

También acogió con entusiasmo los negocios de sus hijas e hijo, pues Dolores había montado años atrás su taller de costura en el piso de sus padres y Mariano hizo lo mismo con su taller de grabados.

Cuando su hija pequeña se casó, José envió una carta al pueblo donde escribía “acaba de casarse la última rosa de mi rosal”.

Y ya de mayor dejó de hablarse con su hija mayor, Josefina y acudía a comer a casa de su segunda hija Isabel para no tener que compartir nada ni pedirle nada a Josefina.

José falleció el 1966 a causa de un ictus hemorrágico.

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