Mariano Calderón Ramón

El único hijo varón de mis bisabuelos, el ojito derecho de su padre, que heredó el nombre de su abuelo. Pues en la familia Calderón las generaciones repetían los nombres de Mariano y José generación tras generación.

Guapo y siempre con un porte elegante, sus padres pusieron todo su esfuerzo económico para que tuviera una buena educación.

Estudió Químicas en la Escuela Industrial de Barcelona, aunque por su cuenta también se formó en filosofía leyendo y empapándose de las teorías del anarquismo clásico como las de Mijaíl Bakunin, que defendía la destrucción del estado como condición para la emancipación de los trabajadores y la creación de organizaciones obreras que transformasen la sociedad.

De joven empezó a tomar conciencia política, vivir en un barrio como el Poblenou fue para él como nadar en un caldo de cultivo de los preceptos de la lucha obrera. Rodeado de sindicalistas, comunistas y demás defensores de los derechos de los trabajadores, pronto le predestinaron a compartir aquellos ideales de justicia social. Obstinado en conseguir la emancipación de los trabajadores, pensaba que el mejor modo de conseguirlo era a través de una formación autodidacta.

Mariano aprendió también esperanto, convencido de que sería una herramienta que ayudaría a construir la solidaridad internacional entre trabajadores y oprimidos de todos los países, tal y como defendían las tesis anarquistas.

Al estallar la Guerra Civil, Mariano quiso sumarse a la formación de un ejército completamente fiel a los valores democráticos. Decidió alistarse para recibir la formación de milicianos y oficiales. Y se graduó como teniente de caballería.

Pero al perder la guerra Mariano se entregó a las fuerzas nacionales de ocupación en cuanto entraron en Bailén, el 28 de marzo de 1939, tres días después quedaba oficialmente detenido por orden del comandante militar provisional.

Allí inició su periplo entre cárceles y campos de concentración que duró 3 años, para después realizar el servicio militar obligatorio.

Fue el 28 de marzo de 1942 cuando Mariano por fin regresaba a su casa para disfrutar de un permiso de seis días, después de casi siete años sin ver a su familia.

Se licenció el día 1 de junio de 1943 y por fin pudo volver definitivamente a casa.
Al volver tenía claro que le sería difícil encontrar trabajo como asalariado con sus antecedentes, por lo que optó por autoemplearse y montó un taller de impresión en su casa, que con los años y el esfuerzo hizo prosperar hasta que Grabados Calderón tuvo el prestigio de ser la segunda imprenta más importante de Catalunya.

Durante los años ‘40 conoció a Lolín Ibáñez, con la que se casó el 1947. La pareja se instaló en casa de los Calderón, donde además de sus padres José y Lola, también vivían su hermana Josefina con su marido Ismael y sus dos hijos, y la pequeña de las hermanas Calderón, Paquita.

Y fue en esa misma casa donde nació su primer hijo, que siguiendo la tradición familiar llamaron José, aunque todos le llamaron siempre Pepe o Josep. Años más tarde, el 1950, nació su segundo hijo, una niña a la que llamaron Francisca, como la hermana pequeña de Mariano.

1976 Mariano falleció a causa de una cirrosis derivada del tratamiento de quinina que le administraron cuando contrajo la malaria, durante su encierro en África.